Curioso título para un hecho ocurrido en un supermercado, no?
Transcurría un mediodía con mucha calma, poca gente no recuerdo la época del año. Comenzó a chispear, un simple chubasco. De repente, el cielo se puso negro, un remolino de nubes se sacudían en el cielo y zas! se largó a llover con todo (con todísimo podría decirse si esa palabra existiera).
Nos acercamos a las puertas vidriadas para ver con más detenimiento ese fenómeno climático que se generó de un momento a otro, casi con la velocidad de un rayo.
Pero lo más curioso fue cuando alguien gritó “Llueve!”. No parecía una novedad, ya lo sabíamos. Lo que esta persona se olvidó de advertir era que llovía adentro del local!!
Sí! Para asombro de muchos llovía dentro del local, mejor dicho diluviaba!!.
En ese momento, se desató una catástrofe interna, nosotras en las cajas nos quedamos sentadas y el agua pasaba por debajo de nuestros pies. El agua venía desde fuera y entraba por debajo de las puertas. También había algunas “goteras” que tenían la misma magnitud que una catarata. Por eso, en ese momento los reponedores se pusieron a mover de lugar algunas de las góndolas..
Lo único que esperábamos era que la lluvia teminara…
Y como dice la frase popular: “Siempre que llovió, paró”. Y así fue, por suerte para todos.
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