Y me insultó nomás!
21 jul 2009 2 comentarios
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Un dia tranquilo hasta que llego este personaje siniestro…
Buen diaaa… me dijo. Buen dia dije sin saber que en un segundo se transformaría en un dia ho-rri-ble!!!
Luego de pasar toda la compra, le informo al cliente el monto y me dice que abona con tarjeta de débito. Me la entrega y al hacerlo no lo acompaña de ninguna identificación… Solicito documento… Para queeeeeeee!!!!
Se me vino al humo diciendo “Cómo me vas a pedir el documento a mí, que vengo todos los días nena! A lo que le contesté, pero es para su seguridad y por ley debe presentarlo… Y saben que me dijo?? “De que ley me hablas, si estamos en Argentina, nena” (Entre nos, ese “nena” con el tonito que usaba me estaba sacando de las casillas).
Pero como no podia quedarse tranquilo, agregó un comentario poco sutil…
“No te das cuenta que sos una negra barata trabajando para Cristina!”… y bueno… tuve que contar hasta que se acabaron todos los malditos números que conocía porque sino tenía que ponerme a su altura, la altura de la lacra humana y contestarle una aberración…
No contento con esto, me señalo con el dedo y me dijo ” No pienso darte el gusto de pagar en efectivo”. El gusto?? A mi me da exactamente igual que pague con crédito, débito, efectivo, patacones o chapitas de colores… pedazo de hdp!!! (Perdón por el exabrupto).
Cuando se estaba yendo, me pregunta con un tonito altanero “Vos me diste mi tarjeta?” A lo que no pude evitar contestar con una respuesta poco sutil ” Si se la dí, no soy ladrona”… Para qué mi madre santa!!! Otra vez a la carga… me dijo que debía de tener asumido el tono de mi piel
He visto gente, gentusa… Pero este especimen humano batió records…
De esto que les cuento, ya pasaron varios días y no he vuelto a verlo.. Por suerte!
Día de furia
03 mar 2008 Dejar un comentario
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Creo que todos conocen la pelicula llamada “Un día de furia” con Michael Douglas, pues bien esto que les voy a contar podría ser un comienzo para el guión de “Un día de furia II”.
Es lunes. Llueve desde el jueves de la semana pasada. Mucha gente en la zona se encuentra inundada. Algunos de mis compañeros también han sufrido pérdidas materiales.
Convengamos que el clima no ayuda y que el espíritu de la gente ha decaído bastante ante semejante desastre. Pero…qué culpa tengo yo?? O mis compañeros?? Por qué en estos días nos hemos convertido en carne de cañon?? Por qué es sólo importante lo que le sucede al cliente??
Desde pequeña asistí a una escuela católica, en la que me inculcaron el RESPETO, les suena?? He aprendido a lo largo de mi educación, de mi vida y de mis 8 años de trabajo en el supermercado a tener respeto, respeto por el otro y su circunstancia.
Pero…de ahí a que el otro tenga derecho de gritarme e insultarme gratuitamente sin fundamentos válidos, creo yo que hay una gran distancia…
Hoy fue unos de esos días en los que mejor ni levantarse, pero bueno, en realidad me levanté y salí en mi bici, porque el remisse que había pedido con antelación no llegó a horario debido a la insistente lluvia que se desencadeno a las 8.00 de la mañana. Para esto ya había avisado a mi trabajo que no llegaría a tiempo.
Una vez en mi trabajo, mojada de pies a cabeza. Conté mi fondo. Habilité mi caja. La supervisora me avisó que tenía la caja de 10 unidades, y sin imaginar lo que pasaría comencé a trabajar.
Atendí un par de clientes. En el local casi no había gente. Me levanté, sin pensar en las consecuencias, para ayudar a empaquetar a una compañera.
Mientras embolsaba, una señora me pide que llame a una supervisora para que habilite más cajas, a lo que yo le contesté amablemente que en un momento habilitarían otra caja.
La mujer me dice que además la “Caja Rápida” está cerrada, a lo que yo le respondo que no es así, que en ella estoy atendiendo yo. Mientras caminaban hacia mi caja, le pregunté si tenía 10 unidades y la respuesta me dejó sin habla…
Me dijo “que si tengo 10 unidades??, mi hermano está inundado, dejate de joder!!”
Mientras bajaban la mercadería sobre la cinta transportadora, les pedí que no me faltaran el respeto y que no me gritaran más, ya que en ningún momento tuve un mal proceder para con ellos. Es necesario que les diga que siguieron haciéndolo??. No aguanté más y solo pude llorar…
Gritos, ademanes, llanto, miradas de por medio debía atenderlos…(y cuanto más rápido lo hiciera, más rápido se irían)
De más estaba decirles que yo entendía su situación, que había compañeros, familiares y conocidos en la misma situación pero que eso no me daba vía libre a gritarle y a tratar mal a todo al que se cruzara en mi camino.
De más estaba decirles que yo no tenía la culpa de lo que les estaba pasando, de más estaba (ahora que lo pienso en frío) seguir hablando con alguien que le importaba un comino si hería con sus palabras a otra persona, en este caso a mí.
Pero como la naturaleza humana es impredecible, solo atiné a preguntarle “Soy un sor%&”? soy una mala persona?; entonces por qué me trata así?
A todo esto se sumó a la disputa una señora que me defendió, que les explicó que yo solo hacía mi trabajo, que ellos no tenían derecho a tratarme mal….para qué!? la señora y estos individuos empezaron a agredirse, a gritarse y ahora que analizo la situación; la señora y yo tuvimos suerte de que no nos pusieran algo de sombrero.
Terminé de cobrarles con los mocos colgando y se fueron. Rogando no tener que verles la cara, al menos, en lo que restaba del día.
Cuando este episodio terminó, respiré hondo y seguí atendiendo mi caja. Claro que aún, no podía controlar mi llanto.
Más tarde, fui al descanso. Me tomé unos mates. Me calmé un poco.
Cuando bajé había mucha gente. Demasiada para mi gusto y el de mis compañeras. Habilité mi caja, pero está vez normal sin el maldito cartel “Caja Rápida”
De repente, escuché que una clienta gritaba (pero no en mi caja), se quejaba de estar perdiendo tiempo ahí y que no la atendieran. (Les recuerdo eramos pocos cajeros). La queja tuvo como comentario final; una agresión verbal hacia mi compañera. Y así ya se contabilizaban dos agresiones en un solo día…
Pero como dice esa vieja frase “No hay dos, sin tres”, pues bien, así fue. A un compañero, también lo increpó una clienta.
Seres racionales??? Por favor!!!
Pensé que salir casi una hora más tarde era el broche de oro…pero no.
De salida, cuando voy a buscar mi bici escuché de fondo bombos, algo así como una murga. Era un piquete. Un piquete en la puerta de nuestro lugar de trabajo.
La gente reclamaba atención, mercadería, colchones, porque habían perdido todo con la inundación.
Saqué mi bici y me fuí, salí lo más rápido que pude. Solo quería llegar a casa. Recibir un beso de mi hija y olvidarme que este mundo se está convirtiendo en una jungla, en un lugar salvaje en el que a nadie le importa nada de nada, ni de nadie. Un mundo en el que la palabra RESPETO se desintegró y solo da cabida a la violencia y a la furia…
Los complicados
21 feb 2008 Dejar un comentario
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Los clientes complicados son una fija en mi lugar de trabajo. A veces creo que solo se levantan con una única misión: Amargarme el día! (bueno, a veces me toca a mí y a veces a alguna de mis compañeras).
Confieso que antes de estar atrás de un mostrador, yo podía cualificarme como un cliente algo complicado, que paradójico no?. Pero luego, cambié de bando y pasé a ser una víctima más del sistema supermercadista.
Recuerdo que los tres primeros meses me la pasé llorando, no podía creer que la gente me tratara mal o se dirijiera a mí en forma despectiva o sobradora. Que encontrara siempre alguna maldita razón para criticar, gritar y amenazarme.
Una de las peores fue…fue… a ver dejenme pensar un segundo. Ahhh…sí, ya recuerdo. Cómo no recordar un suceso así.
Una señora muy elegante, collares y anillos de oro hasta la coronilla. Con una voz tipo Graciela Borges y una postura altanera y desafiante.
Llega a la caja y la saludo cordialmente,(recuerden que eran mis primeros días de trabajo, jeje). Me saluda.
Le pregunto si lo quiere para envío a domicilio o si lo llevará ella. Me dice que lo lleva ella.
Hasta ahí todo iba relativamente bien. No era la relación Cliente – Cajera de Año, pero no podía quejarme hasta que….
Comencé a pasar por el scanner los productos de la cliente. Sin apuro. Pero de repente el chekado se llenó de mercadería, a todo esto la mujer solo miraba, cómo diciendo ”No hay algún súbdito que me embolse??”. Si mal no recuerdo, el cadete ese día había faltado para mi desventura.
No me quedaba otra alternativa que ayudarla a embolsar (ayudarla, leáse a hacer todo yo, no vaya ser que se le rompiera una uña y tuviera que ir a hacerse manicure).
Una vez que terminé de embolsar la mercadería, le pregunté cómo iba a abonar; a lo que me contesta: Con tarjeta de crédito, querida. (Odio este término, me parece de mal gusto y cursi).
Me pasa la tarjeta de crédito y una tarjeta con la que se suman puntos para luego canjearlos por premios o viajes, pero no un documento que acredite quién dice ser en la tarjeta.
Le solicito que me permita su documento de identidad…(como lo especifíca la ley) y en ese preciso instante casi se desata la cuarta guerra mundial, un verdadero caos.
Me miró fijo a los ojos y me dijo: Quién te crees que sos? Qué sos de la policía? Voy a hacer que te echen, mocosa insolente!! No sabés quién soy yo!! Yo soy la Sra. de Montoto Flores (nombre ficticio, por la dudas lo aclaro).
Imaginan mi cara? Bueno, todo lo que puedan imaginar es poco. Les soy sincera, me molestó la actitud de esta mujer pero mucho más me molestó que ninguno de mis superiores se haya acercado al menos para ver qué era lo qué pasaba. (Por suerte, ya no están trabajando mas para la empresa).
A todo esto, la mujer me seguía gritando, mis compañeras me miraban y los clientes también, pero con una mirada de compasión, como pidiéndome perdón por no inteceder y rescatarme de semejante espécimen humano.
Tenía dos opciones: La primera, la más sensata, era decirle a todo que sí y dejar que el mal momento fluya. Cobrarle y que se vaya a su casa y me dejé en paz!. La segunda, no tan sensata, era mandarla a la c** de su madre, agradeciéndole su visita por supuesto.
Qué hubieran hecho en mi lugar? Pues bien, yo opté por la primera, hacía poco tiempo que había empezado a trabajar y no estaba en mis planes que me echen por culpa de una mujer así.
Un suceso que recuerdo como el peor día de mi vida laboral. Tuve que secarme muchas lágrimas por personas así, pero eso también me dió el temple necesario para sobrevivir a ellas.

